31 DE MAYO

SANTA ANGELA DE MERICIS, VIRGEN

El día está aureolado por una doble gloria: por el triunfo de Aurelia Petronila de la primera edad de la Iglesia, y por el perfume de Angela de Méricis. El siglo diez y séis que ayer ofrecía a Cristo resucitado la seráfica Magdalena de Pazis, le presenta hoy este nuevo tributo de la santidad de la Iglesia. Angela llenó todo el signiflcado del hermoso nombre que recibió. Posee en cuerpo mortal la pureza de los espíritus bienaventurados, imita la agilidad de su vuelo y por el vigor que lleva consigo las prácticas de todas las virtudes encarna su energía sobrenatural. Vióse a esta heroína de la gracia poner a sus pies todo lo que hubiera podido detenerla en su camino. Elevada desde muy pronto a la más alta contemplación, un ardor caballeresco la lleva a las playas de Oriente para allí seguir las huellas del Esposo divino a quien se había entregado. Poco después se la ve visitar Roma y exhalar sus súplicas ante la Confesión de San Pedro: vuelta al lugar de su morada funda una Orden religiosa que lo es todavía hoy y lo será siempre uno de los ornamentos y auxilios de la Santa Iglesia.

El espectáculo de Ursula rodeada de su legión de vírgenes sedujo el corazón de Angela; también ella necesita un ejército de estas jóvenes valientes. La noble princesa bretona hizo frente a los bárbaros; Angela, nueva Ursula dará una batalla al mundo y a sus seducciones tan peligrosas para las almas todavía jóvenes, y como trofeo de sus victorias podrá mostrar las innumerables generaciones de adolescentes que su santo instituto ha salvado desde hace tres siglos, iniciándolas en la práctica y el amor de las virtudes cristianas.

VIDA.—Angela nació cerca de Verona entre 1470 y 1475. Los sufrimientos que Dios la envió la llevaron a buscar solamente en El los consuelos de que sentía necesidad, y por inspiración divina entró en la Tercera Orden de S. Francisco en la que llevaba una vida piadosa y austera dándose a las obras de caridad. Con gran devoción hizo la peregrinación a Tierra Santa. De vuelta a Italia, viendo extenderse cada vez más la desmoralización producida por el Renacimiento, comenzó en 1535 la fundación de una congregación religiosa que tuviera por fin la educación de las jóvenes para así asegurar las reformas de la familia y de la sociedad. Esta congregación, puesta bajo el patrocinio de la ilustre virgen y mártir Sta. Ursula, fué aprobada por el cardenal Cornaro con el título de Unión romana de Ursulinas el 8 de agosto de 1536. Angela se consagró totalmente a su obra hasta su muerte acaecida el 24 de enero de 1540. Canonizada por Pío VII en 1807, su fiesta era extendida a la Iglesia universal, en 1861.

ELOGIO. — Combatiste los combates del Señor, oh Angela, y tu vida tan llena de obras santas te ha merecido un descanso glorioso en las moradas eternas. Un celo insaciable por el servicio de Aquel que te había elegido por Esposa, una ardiente caridad hacia todos aquellos que El rescató con su sangre, tales son los aspectos que caracterizan toda tu existencia. Este amor por el prójimo te ha hecho madre de una familia innumerable porque nadie podría contar las niñas que han bebido en las escuelas de tus hijas la leche de la doctrina sana y de la piedad. Contribuíste poderosamente al mantenimiento de la familia cristiana preparando tantas madres y esposas para sus sublimes deberes, y de tu institución han salido otras que para consuelo de la Iglesia y para beneficio de la sociedad han sido llamadas al mismo fin. El Sumo Pontífice ha ordenado que tu nombre sea solemnizado en toda la catolicidad y al promulgar este decreto ha declarado que quería con ello colocar bajo tu protección materna toda la juventud femenina expuesta hoy a tantos peligros por los enemigos de Cristo y de su Iglesia. Han formado el designio de arrancar la fe del corazón de las esposas y de las madres para así aniquilar con más seguridad el cristianismo que tan suave y fuerte influencia ha conservado hasta ahora en la familia. Descubre, oh Angela, estas tenebrosas asechanzas. Protege a tu sexo; alimenta en él el sentimiento de la dignidad de la mujer cristiana y la sociedad podrá todavía salvarse.

PLEGARIA. — También nosotros nos dirigimos a ti, esposa de Cristo, para obtener tu ayuda en el recorrido de este año litúrgico en el que cada día encontramos tus huellas. Tu empeño en vivir los misterios que se desarrollan a lo largo de él te llevó más allá de los mares. Quisiste ver Nazaret y Belén, recorrer Galilea y Judea, dar gracias en el Cenáculo, llorar en el Calvario, adorar el Sepulcro glorioso. Dígnate bendecir nuestros pasos en el camino que anduvieron tus pies. Te seguiremos al Monte de los Olivos desde donde el Salvador se remontó a los cielos; penetraremos de nuevo en el Cenáculo iluminado por los fulgores del Espíritu Santo. Condúcenos en pos de tus huellas hacia esos lugares benditos cuyo atractivo te arrancó de tu patria y lanzó a través de tantos azares de una larga y peligrosa peregrinación. Eleva nuestras almas a las alturas de los misterios que coronan el Tiempo Pascual.

EL MISMO DIA

SANTA PETRONILA, VIRGEN

La Iglesia hace hoy memoria de Santa Petronila. Su nombre es un diminutivo de Petro, y descendía de Tito Flavio Petro, abuelo de Vespasiano. Por esta razón fué enterrada en las catacumbas de Domitila que pertenecían a su familia. Se encuentra también venerada en la basílica subterránea de Nereo y Aquileo y los antiguos guías de los peregrinos asocian siempre su nombre al de los dos mártires. Desgraciadamente no se conservan ningún recuerdo de los primeros siglos sobre Santa Petronila y su verdadera historia permanece desconocida. En el siglo vi se creó una leyenda y en adelante se la tuvo por hija de San Pedro.

PLEGARIA. — Nosotros, oh Petronila, juntamos tu triunfo a nuestras alegrías pascuales y veneramos a través de los siglos tu memoria bendita. Despreciaste al mundo con sus placeres y honores y tu nombre se lee a la cabeza de los fastos de la Iglesia Romana que se honra de haber sido tu madre. Socórrela ahora con tu intercesión. Protege a todos los que recurren a ti y concédenos celebrar con un santo entusiasmo las solemnidades que suceden en estos días.

EL MISMO DIA

MARIA MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS

El mes consagrado a Nuestra Señora concluye hoy con la fiesta de su mediación universal. Su objeto es glorificar a María por su elección por Dios, como dispensadora de todas las gracias, lo que significa que cualquiera de ellas antes de sernos dadas pasan por sus manos. Así como en 11 de octubre celebramos su maternidad divina, de la misma manera honramos hoy su maternidad espiritual que es consecuencia de la primera.

INTERCESIÓN TODOPODEROSA. — Nada más consolador para nuestras almas de que en el cielo tenemos una Madre que ejerce en nuestro favor su intercesión omnipotente con todo el cariño de la mejor de las madres. Dios no necesita de nadie, pero quiso misericordioso, asociar a María a la Redención del mundo. Para nuestro provecho la ha dado junto al segundo Adán el lugar que Eva había tenido, para nuestra perdición, junto al primero. Su maternidad espiritual comenzó el día de la Encarnación. Al pronunciar el Fiat María sabía que no recibía al Hijo de Dios para guardarlo celosamente, sino para darlo al mundo, para ofrecerlo un día sobre el altar de la cruz como sacrificio perfectísimo. Se diría que desde que posee a Jesús solo tiene un deseo: el de darle. Para darlo a Juan se apresura a visitar a Isabel. Para ofrecerlo al Padre y ofrecerse ella con El sube al templo el día de la Purificación y treinta años después se la ve junto a la cruz presentando la víctima que había alimentado y custodiado para el sacrificio. “La consecuencia de la comunidad de sentimientos y sufrimientos entre María y Jesús es que María mereció con todo derecho llegar a ser la reparadora de la humanidad caída y por tanto la dispensadora de todos los tesoros que Jesús nos ha conseguido con su muerte y con su sangre y de ser la todo-poderosa mediadora y abogada del mundo entero ante su Hijo unigénito.

“Habiendo querido Dios una vez, dice Bossuet, darnos a Jesucristo por la Santísima Virgen, ya no revocará esta orden puesto que Dios no se arrepiente de sus dones. Es y será siempre verdad, que habiendo recibido por su caridad el principio universal de la gracia, recibimos también, por su mediación, sus diversas aplicaciones a todos los diferentes estados que integran la vida cristiana”. Al solicitar el primer milagro de Jesús en Caná, María suscitó la fe de los Apóstoles; después de la Ascensión su plegaria atrae al Espíritu Santo y con él el establecimiento y la rápida difusión de la Iglesia. Poco después sube a los cielos “pero no por eso nuestros intereses le son menos queridos y menos sagrados. Allí vela por nuestra desdichada tierra; todo lo que la vida presente y en la futura puede haber de feliz para nosotros, nos viene por ella porque continuamente y de todas las maneras nos hace propicios al Hijo y al Padre de las misericordias”.

¡Qué confianza no deberemos tener en las súplicas de una Madre tan poderosa y tan benévola! Si la eficacia de la oración de los santos depende de su grado de santidad y de unión con Dios, ¡euán poderosa debe ser la de María que fué llamada la llena de gracia por cuanto pertenecía a Dios sin reserva y fué asociada a Jesús hasta el punto de merecernos de congruo, es decir, por mérito de conveniencia, lo que El nos merecía de condigno, por mérito de justicia! De aquí que la tradición católica la haya llamado “la omnipotencia suplicante.” Dios lo ha querido así y en consecuencia ninguna gracia nos es dada sin pasar por manos de María, ya que ella es “como por derecho natural, la dispensadora de los tesoros” de su Hijo.

León XIII, en la Encíclica Adíutricem populi se complace en numerar los beneficios que Dios ha concedido a la Iglesia por la intercesión de la Santísima Virgen: “Debido principalmente a su protección y ayuda, la doctrina y las leyes del Evangelio se han propagado tan rápidamente, que la cruz bendita sea ensalzada y adorada en el mundo entero, y que las herejías hayan sido destruidas.” Pío X atribuye igualmente a María los insignes favores concedidos a la Iglesia en los cincuenta años transcurridos hasta él después de la definición del dogma de la Inmaculada Concepción.

MEDIACIÓN UNIVERSAL. — Lo que es verdad respecto a los medios generales de salvación, lo es también de cada gracia en particular. La Santísima Virgen, nos dice San Bernardo, y los Papas han hecho suya esta doctrina, interviene en la distribución de todos los dones sobrenaturales, es mediadora para cada uno y cada una de las circunstancias de nuestra vida, como una madre que se ocupa individualmente de cada uno de sus hijos. Para esto Dios la ha dado un conocimiento proporcionado a su papel maternal universal y mientras un fiel prosiga la obra de su santificación, María pondrá todo su poder y todo su amor a su favor para aplicarle los frutos de la redención.

Debemos, pues, dirigirnos con reconocimiento y confianza a quien y por quien recibimos todos los bienes sobrenaturales. Pero si la Virgen es dispensadora de los tesoros celestiales, si es la mediadora que nos da a Jesús, lo es también para conducirnos a Dios, para presentarle nuestras plegarias y nuestra misma vida. Sin duda Jesucristo es nuestro abogado y mediador ante el Padre, ¿pero tenemos suficiente grado de pureza para dirigirnos directamente a El? Digamos con el bienaventurado Grignon de Monfort en su admirable librito de “La verdadera devoción a la Santísima Virgen”: “Tenemos necesidad de un mediador ante el mismo Mediador y para ello María es la más capaz de ejercer esta caritativa función. Por ella Jesús ha venido a nosotros y por ella debemos ir nosotros a El. Si no nos atrevemos a ir directamente a Jesucristo-Dios debido a su infinita grandeza o a nuestra pequeñez o a nuestros pecados, imploremos la ayuda y la intercesión de María nuestra Madre; es buena y cariñosa; en ella no hay nada de austero,, nada de demasiado sublime o demasiado brillante que nos impida acercarnos; viéndola a ella, contemplamos nuestra misma naturaleza… Es tan dadivosa que no rechaza a nadie, tan poderosa desoye las súplicas; sólo necesita presentarse ante su Hijo que no podrá negar nada a las instancias y súplicas de su amantísima Madre. Para ir a Jesús es necesario ir a María que es nuestra mediadora por su intercesión; para ir al Padre es necesario ir a Jesús, nuestro Mediador por la redención.”

PLEGARIA. — ¡Oh excelsitud de nuestra raza, diremos con Santiago el Monje, que tal mediadora ha conseguido! ¡ Qué boca, aunque cante sin descanso himnos de alabanza, podrá darte, Señor, dignas acciones de gracias por este beneficio!’, ¡Oh Madre divina, eres la dispensadora y depositarla de las gracias no para guardarlas para ti sola, sino para repartirlas a manos llenas sobre todas las criaturas. Como dispensadora de inagotables tesoros está encargada de su distribución; ¿cómo ha de guardar celosamente unas riquezas que no disminuyen nunca? Derrama, pues, con mano generosa sobre tu pueplo y tu herencia tus misericordias y tus gracias. Líbranos de los males que nos oprimen. Mira las múltiples y difíciles pruebas que nos pesan sobre nosotros: pruebas interiores y exteriores que vienen de hermanos y de extraños. Restablece con tu poder el orden y la paz. Reconcilia a los hermanos entre sí, expulsa lejos a los enemigos que nos rodean y atormentan como bestias feroces. Proporciona a nuestras miserias tu socorro y ayuda y concede a nuestras almas una gracia abundante con la que podamos triunfar de todo, a fin de que si no podemos avanzar lo logremos con ella. Concédenos, en fin, que fortificados y salvados por tantas misericordias podamos glorificar ahora y siempre por los siglos sin fin al Verbo eterno encarnado en ti por nosotros, junto con el Padre sin principio y el Espíritu Vivificador”.